Radio Internacional Feminista/FIRE
Mujeres 2000: Equidad de Géneros, Desarrollo y Paz para el Siglo XXI

América Latina: Una Identidad Política Seglar en la O.N.U.

Por María Suárez Toro( FIRE/AMARC)
La mayoría de países de América Latina y el Caribe se han destacado por su persistencia en la defensa de la Plataforma de Acción (PAM) de la IV Conferencia Mundial realizada hace cinco años en Beijing, China, a pesar de los esfuerzos de un pequeño grupo de países, que han intentado hacer retroceder el consenso internacional de Beijing.

La Sesión Especial de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) realizada entre los días 5 al 10 de junio en la sede central del máximo organismo de la comunidad de naciones, ha estado caracterizada por un desbalanceado debate sobre la evaluación quinquenal, con lo cual se ha dificultado el logro de un consenso afirmativo total.

Al trabajar con el objetivo de lograr una base para el consenso, las posturas de minoría de un puñado de países Islámicos, la Santa Sede, y tan solo uno de América Latina - Nicaragua - se han convertido en una traba para avanzar más hacia lo que la mayoría de países querían reconocer: la PAM, con sus avances, obstáculos y medidas para superarlos.

En vista de ello, 17 países de la región, entre ellos Perú, Bolivia, Brasil y Costa Rica, entre otros, han suscrito un pronunciamiento especial en el que afirman que sus delegaciones han "compartido una visión regional de avances, desafíos, aprendizajes y buenas prácticas desarrolladas en los primeros cinco años de aplicación de la Plataforma de Acción de Beijing." Los países firmantes afirman también las evaluaciones regionales y sus conclusiones al decir que "los consensos regionales consignados en los documentos de Santiago, Puerto España y Lima han orientado y fortalecido el compromiso asumido por nuestros respectivos gobiernos, para hacer avanzar el proceso de revisión Beijing + 5"

Dichas evaluaciones regionales reconocen aspectos relevantes de la Plataforma de Acción como son la revisión de la forma en que la globalización impacta a las mujeres, y reconocen los derechos sexuales y reproductivos, entre otros.

En su pronunciamiento los gobiernos de la región reconocen las dificultades en la búsqueda de consenso internacional, al destacar que en los cinco años de implementación de los acuerdos de Beijing "se han evidenciado una gama de posiciones, enfoques culturales y valoraciones existentes que configuran un contexto poco propicio para el logro de visiones consensuadas acerca de particulares complejidades de los temas involucrados en la PAM."

Afirman que la región pudo unirse, casi íntegra, por "la experiencia y una voluntad común para el avance de los derechos humanos de todas las mujeres, adolescentes y niñas, con especial énfasis en los derechos a la salud, el desarrollo y la participación en el marco de la igualdad y equidad entre los géneros y de no violencia, teniendo como piso la PAM, incorporada en políticas de desarrollo que cada país soberanamente determine."

Con este pronunciamiento, suscrito por la mayoría de países de la región, quedó afirmado, que sin mediar el contendido del documento de evaluación de la Sesión Especial, la región está comprometida con los consensos regionales y con el acuerdo internacional de la IV Conferencia Mundial.

Por su lado las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) de los países firmantes del pronunciamiento celebraron que sus delegaciones hayan suscrito un documento que en el fondo sostiene que no puede haber ni un paso atrás, que Beijing es "más cinco", y no menos, como pretendieron algunos países que intentaron cuestionar hasta el marco mismo de los derechos humanos de las mujeres, conquistado la década pasada en relación a la violencia, los derechos sexuales y reproductivos, el derechos al desarrollo, entre otros.

Las ONGs de América Latina y El Caribe, representadas por la peruana Virginia Vargas, emitieron ante la Sesión Especial un pronunciamiento propio en el cual critican severamente el proceso de evaluación. El discurso fue leído cerca de las 11:00 p.m. y dice así:
 

"Señor Presidente: No sé si decir Buenas Tardes. No sé si decir Buenas Tardes, señoras delegadas y señores delegados. ¿Se puede decir "buenas tardes" a una tarde como ésta? ¿Son buenos los días en que una sola palabra puede hacernos perder de vista que tras ella esta la vida de millones de mujeres?"

Continúa preguntado: "¿Qué palabra puede valer más que los propios conceptos que representan? ¿Cuál [palabra] vale más que las mujeres traficadas, y qué el valor que en este mismo instante tiene el trabajo que están produciendo las horas de trabajo infantil? ¿Qué palabra vale más que el miedo de mujeres que viven en zonas de conflicto, y mucho más cuando ese territorio de conflicto es el mismo cuerpo de esas mismas mujeres? ¿Es que hay una sola palabra que exprese las vidas de las mujeres migrantes trabajando sin derechos ni horarios?"

Vargas no cesó de impugnar el uso de palabras sin sentido que caracterizaron las intervenciones de quienes pretendieron detener el proceso.
"¿Es que con una sola palabra se puede evitar la discriminación y la exclusión? ¿Qué colores tienen las palabras? ¿En qué lengua, en qué cultura se originan las mejores y las peores palabras? ¿Con qué lengua y con qué cultura se pretende devaluar la diversidad de rostros, razas, etnias, historias y luchas de nuestras mujeres? ¿Se pueden llamar "buenas" a las tardes, a los días en que los gobiernos se hacen sordos a los compromisos que nosotras asumimos y ustedes no respetaron?"

"¿Cómo expresar en palabras la confianza con la que fuimos a Beijing; cómo contarles todo lo que hicimos en estos cinco años para cumplir nuestra parte en la Plataforma de Acción; cómo expresarles que nuestra esperanza ustedes la encorchetaron por un problema de lenguaje; cómo, después de esta patética inoperancia, volver a creer en aquellos gobiernos cuyas élites políticas dirigentes responden a sus intereses religiosos, políticos y económicos, particulares, pequeños y mezquinos? ¿Cómo regresar a nuestros países y contarle a nuestros pueblos que diez es más que ciento ochenta y siete?"
"¿Tenemos que volver a convencerlos de que nuestra lucha es justa? ¿Cuantas palabras más son necesarias para que ser joven no sea un estigma? "¿Cuanta ciudadanía, cuanta democracia se necesita aprender para que la discriminación positiva y los mecanismos institucionales que reclamamos sean cosa del siglo pasado? ¿Cuántas palabras más son necesarias para que la maternidad no sea un riesgo de muerte, para que el aborto no siga siendo la primera causa de estas muertes? Para que el amor no sea condenado cuando no se ajusta a las palabras con las que algunos de ustedes quieren definirlo. ¿Qué lógica es aquella que acepta el odio cosensuado y la guerra entre y dentro de nuestros países y quiere hacerle la guerra al amor que no se ajusta a sus definiciones?"

"¿Qué religión tienen las palabras? ¿Qué palabras definen ese Dios con el que se quiere legitimar el desprecio, la violencia, la injusticia contra las mujeres? ¿Con qué palabras creen que podrán amordazar la creatividad, las ideas, los sueños de millones de mujeres? ¿Se puede pretender cambiar la historia en este nuevo milenio? Señores y señoras delegadas, el cronómetro que marca nuestro tiempo parece ser suyo, pero el tiempo, a pesar de algunos de ustedes, es nuestro: tienen la oportunidad de avanzar con él!".
"¿Cuales son las palabras que ustedes harán valer en esta conferencia? Hace cinco años en esta misma Asamblea General todo parecía estar dicho. Ahora las palabras no entienden lo que pasa. 
Las de las mujeres de América Latina y El Caribe son: derechos, justicia y democracia. ¡Que las suyas no retrocedan la historia!"

Así se expresaron las mujeres de la región en la recta final de la Sesión Especial donde, a excepción de los países de la región que suscribieron el pronunciamiento especial, los Estados miembros de la ONU se encontraban todavía estancados al entrar la madrugada.

El documento final de la Sesión Especial de la Asamblea General "Mujeres 2000: Igualdad, Desarrollo y Paz para el Siglo XXI" contiene algunos avances aún más allá de la PAM, como son el reconocimiento de la necesidad de participación igualitaria de mujeres en la toma de decisiones sobre macroeconomía (párrafo 125g), el reconocimiento de los impactos negativos de la globalización en las mujeres, proponiendo asegurar un acceso igualitario a la protección social (110 y 118), el derechos a la herencia y la propiedad (102), y el pronunciamiento que promueve el diseño y la implementación de programas educativos para que los hombres practiquen el sexo seguro (107g). El documento contiene un reconocimiento de los crímenes de honor y los matrimonios forzados como formas de violencia,, y el asilo sobre la base de la persecución de género aparece también por primera vez.

Pero los temas críticos de debate continuaban sin ser resueltos al entrar el día siguiente. Los puntos 8.25, 107i, 115ª, 115d, 115h, 130ª y 130c referidos al aborto inseguro, la salud, los derechos sexuales y reproductivos, el SIDA y la violencia contra las mujeres continuaban sin resolverse.

Concluimos que tanto los Estados firmantes del pronunciamiento regional, como las ONG representadas en la voz de Vargas, sostuvieron compromisos con la PAM. América Latina no se dejó tragar por la dictadura de las minorías en el consenso internacional. Reafirmó su identidad política secular, optando por un rumbo regional que ratificó la totalidad de la Plataforma Mundial.